viernes, 9 de mayo de 2014

Día 6. Estrecho de Gibraltar

El paso marítimo que une el Mar Mediterráneo con el Océano Atlántico tiene apenas 14 kilómetros de ancho, y en cada uno de sus extremos hay una montaña; al norte, la antigua Calpe y al sur, la antigua Abila. Durante muchos años previos a la usurpación de América, la navegación entre estas dos columnas estuvo prohibida por el Dios Hércules y las civilizaciones romanas y griegas (que tenían el mismo Dios, pero con distinto nombre) limitaron sus barcos y su comercio a las aguas del Mediterráneo. Se decía que allí se acababa el mundo de los mortales, que había monstruos voraces y enormes, y que quien intentara cruzar el límite ofendería a los dioses. Y entonces, en aquellas montañas que delimitan hoy el estrecho de Gibraltar, se instaló un monumento con una leyenda escrita en latín: Non Plus Utra (No hay más allá). El monoteísmo y la religión católica derribaron las columnas, además de las creencias mitológicas. Y para dejarlo más claro, hacia 1.750, la corona española no tuvo reparo en escupir en la tumba de los dioses y con el oro y la plata saqueados a costa de muerte, sangre y esclavitud de todo un continente, acuñó monedas con las inscripción Plus Ultra (Hay más allá).